Tras años de no verlo, el joven viajó a casa de su padre. Estaba nervioso, no sabía si sería bien recibido.

Quedó atónito cuando llegó, pues el sitio estaba lleno de gente. Algunos lloraban y otros bebían café con la cabeza gacha. Todos vestían de negro. Tímidamente, el joven entró a la casa y vio un ataúd abierto. Se acercó sólo para encontrar el cadáver de su padre, con un traje oscuro y el rostro maquillado para contrarrestar la palidez. De pronto, el hombre abrió los ojos y lo miró con una horrorosa mueca de angustia. Estiró la mano hacia él, con la boca muy abierta, como si quisiera decirle algo.

El joven le sonrió para tranquilizarlo. Lo tomó de la mano y le ayudó a levantarse. -No te preocupes, papá. Ven conmigo, me da mucho gusto verte. No sabía que tanta gente asistiría.

Y entonces, el joven guio a su padre al mundo de los muertos, lugar del que él venía.

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